Se acercó a donde ella estaba sigilosamente para observar y pudo ver un piercing en el ombligo que la sobrecogió, era el símbolo de la D/s, eso si que fue una sorpresa mayúscula. Laura sabía lo que significaba porque ella misma se había introducido hacía un año en ese mundillo como dómina tanto de hombres como mujeres. Ana lo había descubierto hace poco de la mano de su último novio y la encantaba aparte de que su novio la había “obligado” a acostarse con una mujer.
Laura se fue a su bolso, cogió su ropa y se fue a tumbarse a una zona desde donde podía observarla sin miedo y la llamó al móvil. Cambió la voz para que Ana no la descubriera y la ordenó:
Hola perrita, ya veo que te gusta exhibir tu cuerpo de zorra a la cara de todo el mundo, se donde trabajas y se quien eres, por lo que creo viendo tu comportamiento necesitas una Ama que te dome y te haga obedecer, así que lo primero que vas a hacer es coger tu ropa y cambiarte de sitio e ir a la pared de roca que tienes a cincuenta metros delante de ti. Si lo haces será la señal de que te entregas a mi sin condiciones.
Ana sintió una punzada de placer en su coño y notó como una oleada de calor subía desde su coño hasta hacerla ponerse muy cachonda. Obedeció al pie de la letra sobre todo porque la excitaba que la Ama supiera donde trabajaba y supiera cosas de ella. Llegó a la pared y se tumbó como la habían indicado tapando sus ojos con una especie de gafas de plástico que la impedían ver. En toda la playa había apenas veinte personas cuando sonó el tono de mensaje del móvil.
Era un MMS, abrió el mensaje y vio un coño y una orden, coge la ropa y vete al lado de la gruta XXXXXXXX, ella obedeció y cuando llegó a ella una voz de dentro que la hizo arrodillarse y colocar las manos a la espalda y la cabeza gacha. La voz se iba acercando hasta estar a escasos centímetros de ella. Laura la cogió del pelo indicándola con un gesto que la debía de saludar lamiendo sus pies. Ana obedeció y se dedicó a la tarea con placer. Para realizarlo Laura la había colocado así tan desprotegida que antes de azotar su culo se acercó elevando su barbilla con la mano y acariciando sus besos con los suyos la besó en un suave primero y luego lujurioso beso.
Sus lenguas se fundían mientras las dos se abrazaban y metían mano, Laura la acariciaba en el coño y notó como era como si en vez de vulva tuviera una gran ostra completamente gelatinosa. Ahora que vio que la perrita se relajaba pasó a tomar la iniciativa. La separó de ella y la hizo ponerse a cuatro patas y ella se tumbó delante para acercándola la hizo que la comiera el coño como una autentica zorra.
Ana no tenía mucha experiencia, pero si muchas ganas de complacer así que acercó la punta de la lengua a los muslos de Laura y haciendo pequeños círculos iba secando las gotas de fluido que habían rodado por la piel desde su conejito empapado. La lengua se movía como si fuera una serpiente buscando un tesoro hasta que llegó al perineo y allí lamía muy lenta y suavemente primero para luego aumentar la velocidad y el radio de acción tocando solamente un poco el coño y luego el ano también.
Laura se estaba volviendo loca de placer y eso que solamente había comenzado su sumisa a hacer su trabajo. Con una mano acercó la bolsa de la playa y cogió algo de su interior, una cosa blanda,
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pero a la vez tiesa, veinte centímetros de látex rosa que de un solo golpe y sin avisar introdujo en el coño de la perrita. Ana se estremeció ante la íntima invasión. Laura sintió que la lengua de Ana se movía más rápido ya no solo en los labios vaginales sino que habían atrapado ya su clítoris y jugaban con él como si fuera el botón apretando el cual el orgasmo viniera como si fuera un vecino que saliera a abrir.
Laura sintió venir el orgasmo de una forma tan brutal que folló todavía con más ansia el coño de Ana con el juguetito mientras la lamía el coño con lujuria y pasión. Ana se había movido hasta haberse situado antes en un perfecto 69. Laura se levantó dejando el consolador en el coño de su amiga vibrando al máximo de su potencial. La hizo ponerse sobre sus rodillas y la fue azotando con la mano abierta en cada nalga.
Primero suaves azotes para poner la piel ligeramente rosada para luego ir poco a poco poniéndola más roja. Cuando ya el color era un rojo subido y notaba el calor en la piel de su sumisa cogió un cono de la bolsa y chupándolo como si fuera una polla de látex lo fue introduciendo poco a poco en el culo de su perrita. Primero solo entraba unos pocos centímetros para luego ir cada vez entrando más trozo hasta que logró colocar la zona más ancha en el culo de su amiga.
La zorra de Ana se cayó en la arena por los espasmos de un orgasmo que hizo que perdiera las fuerzas. Comprendió con su entrega que a partir de ahora su relación con su compañera de trabajo iba a ser aparte de agradable muy placentera al fin y al cabo era su jefa. Laura era ginecóloga y Ana su enfermera. Laura esta vez la hizo ponerse en cuclillas y la hizo que orinase delante de un grupo de chicas que estaban tomando el sol desnudas al otro lado de donde ella estaban.
Ana obedeció y cuando hubo terminado Laura se acercó y como recompensa la secó la última gota que se filtraba de su húmedo coñito con la lengua y sentándose a su lado la besó mientras con una mano pellizcaba los pezones de la chica y con la otra la masturbaba lo mismo que hacía Ana. Estuvieron así masturbándose mutuamente hasta que como si fuera por un impulso supremo estallaron las dos corriéndose a la vez.
Este relato es absolutamente imaginario, todo parecido con la realidad es pura casualidad, si desean escribirme háganlo a mi correo.
Autor: Picante100 Picante100 (arroba) hotmail.com
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